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A veces, pocas veces eso sí, mirando las series que la tele nos depara de pronto brotan momentos que trascienden la anécdota y refejan crudamente la degeneración del ser humano. Me refiero a una escena, de un realismo tremendo, que ha sucedido esta semana en la serie Malaka (TVE-1). En este estupendo thriller policiaco que sucede en uno los barrios más conflictivos de Málaga, en La Palmilla para ser exactos, de pronto el inspector Arjona, apodado Gato (una interpretación magnífica del actor Salva Reina) se encara con el comisario jefe (Manuel Morón) que es un policía corrupto, pringado hasta las cejas, a sueldo de un empresario que trafica con drogas. Gato entra en su despacho. Y le suelta un discurso, una reflexión, que merece meditarse. Le viene a decir: señor comisario, yo conozco su pringue, sus tinglados, su martingala con el empresario narcotraficante, y usted conoce mis chanchullos, mis enredos, mis trucos y marrullerías en el barrio. Eso viene funcionando así desde hace años. Y nos va muy bien a los dos ¿verdad, señor comisario? «Cada uno hace, y deja hacer» añade Gato mirando fijamente a su jefe. Y en ese instante en aquel despacho quedó corporizada en el aire, flotando, aquella máxima, tan terrible, tan real, tan lamentablemente habitual en tantos ámbitos de poder y de mando: no vayamos ahora a tocarnos los cojones o acabaremos haciéndonos daño.

La vileza es rentable: haz y deja hacer (leer noticia)