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Es más incisivo. Tiene más aplomo. Sabe pisar mejor el complicado terreno que pisa. Estoy hablando de Alberto Chicote, que acaba de inaugurar segunda temporada de ¿Te lo vas a comer? (La Sexta). Esta vez este popular cocinero, hoy reconvertido en sagaz denunciador de tropelías, se ha dedicado a investigar los colegios públicos dedicados al cuidado de personas con alto grado de discapacitación. Hay en España 37.000 niños que son objeto de atención en centros de educación especial. ¿Cómo les tratan?, ¿cómo les alimentan?, se preguntaba Chicote al comenzar su investigación. De todos los centros que visitó el más vergonzoso, el más intolerable, fue el colegio de educación especial Maria Mariño de A Coruña. No pudo entrar Chicote en el centro. O sea, tapemos el asunto, prohibamos el acceso a los medios de comunicación. ¡Ah! Es una estrategia nefasta. Todo acaba por saberse. Después de 40 días de intentos, por fin Chicote fue recibido por el Delegado Territorial de A Coruña, el máximo responsable de la zona. Ha sido una conversación de sonrojo. El político, Ovidio Rodeiro, intentaba camuflar, tergiversar, maquillar la situación del centro. Chicote, provisto de datos irrefutables y también de testimonios de empleadas al cuidado de los niños, le fue desmontando la pamema. Y al político, entrampado en sus propias trampas, le fueron subiendo los colores. No parecía un servidor público. Parecía un ocultador. Un trilero. A las 24 horas de emitirse ese encuentro, el presidente Nuñez Feijoo se ha visto forzado a declarar públicamente que ha abierto una investigación a fondo. ¡Ahh! Buena estrategia la de los padres y familiares de los niños allí ingresados. Cansados de elevar sus quejas a la Xunta, y recibir la callada por respuesta, llamaron a Chicote. Aunque bien pensado, bien reflexionado, qué vergüenza. Los políticos solo reaccionan cuando ven que su incompetencia sale retratada en la tele.

Chicote le saca los colores a la Xunta (leer noticia)