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El año pasado, por estas mismas fechas, TVE-1 estrenó la primera temporada de Lazos de sangre con un gran documental, retórico y rimbombante, sobre La saga de los Alba. Ahora, 12 meses después, en la segunda temporada de estos pomposos lazos, acaban de emitir La saga de los Martínez de Irujo. O sea, otra vez los Alba. Hombre, a mí me parece que esta insistencia es una obcecación. Puro vicio, francamente. Creo que la gran televisión pública del Estado debería ir con más cuidado. La entrega de este año se ha centrado, más que en la duquesa Cayetana, en su primer marido, Luis, y sobretodo en sus hijos Carlos, Alfonso, Jacobo, Fernando, Cayetano y Eugenia. Han ido apareciendo, por separado –menos Jacobo y Fernando–, y han ido contando, cada uno a su manera, cómo les ha ido en el seno de familia tan colosal. Todo ello con pespuntes del programa que decían: «No son una saga, ¡son una estirpe! (...) ¡Son seres humanos, con sus debilidades!», y cositas así, campanudas y enfáticas, en plan gran reportaje en papel couché con fotos animadas.

Cayetano, un chino en la tribu de los zulúes (leer noticia)