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Tengo instaladas en mi cerebro, desde tiempo inmemorial, unas cuantas neuroras machistas que me hacen jugadas tremendas. Estaba anunciando el otro día Wyoming el debut de una nueva sección de El intermedio (La Sexta), llamada Reality shock, y al ver que salía una señora en un probador eligiendo trapitos, y luego iniciando un monólogo con la pantalla llena de colorines, cartelitos, dibujitos, y otros detalles espumosos, mi zona machista neuronal –les decía– me indicó que aquello iba a ser una especie de gaseosa, tipo sesión de cup kake, o sea, el intrascendente y banal ejercicio de la decoración de bizcochos y madalenas. ¡Ah! Qué imbecilidad la mía. Qué zoquete. Bajo esta apariencia insustancial, había una carga de dinamita prodigiosa. En menos de seis minutos, que es lo que duró este Reality shock, la señora, la protagonista, nos retrató muy gráficamente, y con una fluidez prodigiosa, los desmanes que está provocando la industria textil en todo el planeta. En los últimos 20 años, unos pantalones, o una camiseta, se ha abaratado un 60%, y en la misma proporción se ha abaratado el salario de las personas que los cosen. Cuanto más compramos, más baja su sueldo. La sobreexplotación ha generado un monstruo que consume no solo a los trabajadores, también al planeta. Se necesitan 10.000 litros de agua de promedio, por ejemplo, para obtener un kilo de algodón. Echen cuentas. Esta nueva sección de El intermedio, de apariencia ingrávida y volátil, es un golpe certero. Lúcido. Ilustrativo. Contundente. Tomen nota de su protagonista y autora: Sara Escudero.

Bajo aspecto espumoso, un golpe certero (leer noticia)