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Hace algunas semanas, Sílvia Coppulo (El divan, TV-3) le preguntó al pintoresco economista Xavier Sala Martín qué sabían de Catalunya los estadounidenses. Contestó: «Casi nada. Pero desde el 1 de octubre de 2017, viendo las imágenes que estaban dando la vuelta al mundo de las palizas y los porrazos contra tantas ciudadanas y ciudadanos, su interés sobre Catalunya ha aumentado enormemente». Efectivamente. Aquella operación no solo fue un ataque intolerable en democracia, fue una chapuza, una vergüenza de dimensiones colosales. Todavía hoy no se sabe cómo se pudo llegar a aquel cafre disparate. El juicio del Supremo sobre el procés no ha arrojado ni la luz de una cerilla sobre lo ocurrido aquella jornada. Por eso ha sido absolutamente acertado el documental que nos acaba de presentar TV-3, titulado precisamente 1-O, cas obert. Coproducido por El Nacional de Pepe Antich y Magnolia TV, y dirigido por Iu Forn, ha tenido la virtud de plasmar y sintetizar la insensatez de los que organizaron –o desorganizaron– todo aquel apparat de porras y de cargas. Los testimonios de miembros de la maquinaria de Estado –alguno protegido para evitar represalias– son claros: aquello fue un dispositivo policial descerebrado, sin orden, ni coordinación, ni efectividad, ni nada. O sea, un plan que si se lo hubieran encargado a Mortadelo y Filemón seguro que lo habrían mejorado y se habrían evitado los porrazos. El recordatorio, en batería, de las deposiciones ante el Supremo del entonces ministro Zoido, de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, del coronel Pérez de los Cobos, y sobre todo el del entonces autoridad máxima, Mariano Rajoy, todos escurriendo el bulto, diciendo que no sabían nada, es de una desfachatez insultante.

1-O, análisis de la ineptitud cafre (leer noticia)