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A Z. C. le ha costado años procesar su incidente y hablar de ello. Tras esa noche de agosto del 2014, en la discoteca Atlàntida de Sant Adrià, en la cual perdió la visión del ojo izquierdo, no ha vuelto a poner un pie en una sala de baile. Además, ha renunciado a sacarse el carnet de conducir y se siente incómodo cuando ve un objeto acercarse.

El láser de discoteca que costó un ojo de la cara a Z. C. (leer noticia)