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Este verano han muerto muchas personas ahogadas. En circunstancias que podríamos calificar de normales, es decir, sin la presencia sobrevenida de tormentas, oleajes o vientos. Sin que se pueda hablar, en general, de temeridades. Personas que han muerto tratando de salvar a otras, personas mayores que han sufrido un ataque, algunas personas que se han enfrentado sin ser conscientes de la alevosía de unas aguas que parecen apacibles.

A cobijo (leer noticia)