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Pesadillas, ansiedad, depresión, aislamiento, rabia contenida... Son los síntomas que manifiestan, cinco años después, muchos familiares y testigos del atropello masivo en Castelldefels. Algunos jóvenes afectados han logrado superar el traumático episodio y, a pesar de sus graves heridas, hoy cursan estudios superiores o trabajan; otros, sobre todo los hijos de familias sin recursos, han abandonado los estudios y se han quedado clavados en aquella noche del 23 de junio del 2010. Hay madres que siguen tomando fármacos para la depresión.

Una soledad permanente (leer noticia)