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Bronceado y con aspecto relajado, Manuel Valls afronta el verano con la sensación del deber cumplido: haber impedido que Barcelona tuviera un alcalde independentista como Ernest Maragall, con el que dice mantener una relación de respeto mutuo. Según su equipo, Valls cayó durante la noche electoral, en la suite 517 del Hotel Gallery, en que sus votos podían decidir la alcaldía. Llama al independentismo a renunciar a sus pretensiones y mantiene que es peor que el populismo. Se casa en septiembre y se revela como un convencido defensor del retorno de Neymar al Barça.

Manuel Valls: "La de Barcelona es la primera gran derrota del independentismo" (leer noticia)