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Estos días he observado con atención el comportamiento gestual de algunos de los ministros y ministras en el solemne acto de su prometimiento de funciones, y me ha parecido interesante, tal vez por deformación profesional, observar cómo algunos de sus gestos denotaban las emociones que llevaban dentro. Los resoplidos del segundo nuevo ministro de Cultura, azorado por tanta expectación el día de su toma de posesión, me parecieron incluso tiernos. Aquello parecía sobrepasarle, por nuevo, me imagino.

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