22 feb 2020

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Tenía que pasar. Catalunya, además de formar parte de España (a pesar del anhelo independentista de la mitad de sus ciudadanos), está en Europa, en el mundo. Aquí no hay voluntad que valga. Está anclada a un lugar y a un tiempo, expuesta al oleaje ideológico, a las sacudidas sociopolíticas y psicológicas que producen un efecto contagio entre partidos/ciudadanos. Los problemas y los retos son nuevos, las respuestas son viejas.

No hay alienígenas en el independentismo (leer noticia)