La llegada de miles de inmigrantes, hasta un total de 8.000, a Ceuta, una cifra sin precedentes en España, puso en máxima alerta al Gobierno. Era consciente de que no era un tema menor y que no podía despacharse con una respuesta lenta, sectorial o deslavazada. Por eso el presidente, Pedro Sánchez, lanzó señales desde el primer momento de que asumía él el mando. Canceló el viaje a París que tenía previsto, mandó a su ministro del Interior a comparecer en rueda de prensa tras la reunión del Gabinete para aportar los datos más técnicos y después protagonizó él mismo una declaración institucional en la Moncloa, sin preguntas, antes de partir para Ceuta y Melilla, para hacerse cargo de la situación en primera persona y entrevistarse con los presidentes de ambas, Juan Jesús Vivas y Eduardo de Castro. A la primera ciudad autónoma también se desplazó Fernando Grande-Marlaska. 

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