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Estoy deseando que termine la campaña electoral. En mi opinión, es lo mejor que puede pasarnos a todos. Son semanas en las que la sensación de crispación aumenta hasta límites insospechados. Por ejemplo, si desconectas un rato y luego te asomas a los periódicos o a la tele, te encuentras con cargas policiales en el País Vasco que creías superadas, empujones a la entrada de un mitin en una universidad catalana, muñecos que arden mientras son fusilados o dirigentes que acusan al oponente de tener debilidad por “las manos manchadas de sangre” y candidatos que piden a gritos el cierre de una televisión privada, por la sencilla razón de que no les gusta, aunque pocas horas antes estuvieran dispuestos a presentarse en su sede para mantener un debate electoral.

Actuaciones de campaña (leer noticia)