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“¿Qué estamos construyendo?”, pregunta la profesora. “¡Un laptop!”, grita una alumna, como si acabase de cantar bingo. “¡Un acustic laptop!”, le corrige un compañero desde el fondo de la clase. Así es. Los alumnos de 1º de ESO del Institut Vall d’Hebron llevan varias semanas decorando una caja de madera con clavos, espirales de alambre, agujas de colores, sensores y cables. Hoy es el día clave. Hoy conectarán los cacharros a unos altavoces y… tal vez suenen. La profesora no es una profesora. Es la artista sonora Agnès Pe. Desde octubre, cada semana va al instituto con un objetivo: borrarles de la cabeza sus ideas preconcebidas sobre qué es y qué no es música. Un miércoles les pone los 4’33 minutos de silencio de John Cage y exclaman: “¡Aquí no suena nada!”. O les tortura con las tormentas de ruido del japonés Merzbow y estallan: “¡Esto no es música!”. Otro miércoles salen a la calle a grabar sonidos ambiente con sus móviles y a crear ritmos percutiendo unas vallas de obra con un palo. Otro miércoles dibujan el sonido con burbujas. Otro miércoles solidifican el sonido.

"¡Yo nunca dije que esto no es música!" (leer noticia)