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Al acercarme a la cocina sin tabiques de Capet, que se puede ver desde todos los ángulos de la planta baja del restaurante –completado con un altillo–, Armando Álvarez trabaja con unos espárragos blancos de gran tamaño, dedos sobre dedos, que me apetecen y que, minutos después, aparecerán en la mesa con una crema de ortigas de mar, botarga y eneldo. El tronco blanco, al dente, soporta el mar, relajado con el anisado de la hierba.

Capet: el funk del espárrago blanco (leer noticia)