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En su primer largometraje, el paraguayo Marcelo Martinessi retrata a una mujer mayor que, tras permanecer años cerrada en sí misma y para su propia sorpresa, ve cómo la adversidad le proporciona una oportunidad para abrirse al mundo. La película la observa de forma pausada y cuidadosa, prestando atención a los detalles de su hermético mundo, y en el proceso logra generar cuantiosas dosis de empatía. En paralelo a ese estudio psicológico, además, la película ofrece afilados comentarios sobre las desigualdades sociales en Asunción, el precario privilegio que las distinciones de clase proporcionan y la permanencia del deseo sexual.

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