Este tributo a la música de George Michael vendría a ser como la canción de la que toma prestado su título: un compendio de emociones trilladas y formas blandengues. Su premisa es típica en el cine romántico navideño -una joven gruñona conoce a un chico ideal, y poco a poco este va empujándola a ser más amable y solidaria y feliz-, en el papel protagonista Emilia Clarke ofrece una interpretación extremadamente amanerada que parece querer emular a Meg Ryan o Julia Roberts pero carece del magnetismo de esos modelos; de hecho, resulta bastante irritante, aunque no tanto como Henry Golding en la piel de su príncipe azul.

'Last Christmas': más azucar que un mazapán (leer noticia)