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Convertida en la cinematografía latinoamericana más relevante, la chilena acostumbra a ofrecer retratos perturbadores de su pasado reciente. Los perros es un perfecto ejemplo de ello. Su protagonista, una mujer burguesa desclasada y maltratada, inicia una relación con su profesor de hípica, personaje sombrío y relacionado con la dictadura de Pinochet (está encarnado por el siempre excelente Alfredo Castro, habitual en el cine de Pablo Larraín. El inicio (la escena en la cama, la clase de hípica, la explosión del coche del coronel) nos sitúan en un paraje extraño, desconcertante. Y tiene detalles de muy mala uva, como que a uno de los milicos le guste la música de Camilo Sesto.

'Los perros': la sombra de la dictadura (leer noticia)