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La cuarta película como director del actor Jean-Paul Rouve ofrece la misma mezcla de ligereza y gravedad que su trabajo previo tras la cámara, aunque muestra una voluntad de priorizar lo melancólico sobre lo cómico que la emparenta con el cine de Claude Sautet. En ella Rouve observa las dificultades profesionales y sentimentales que los tres personajes del título atraviesan, centrándose en situaciones cotidianas y momentos aparentemente triviales y sin buscar el efectismo narrativo o el tremendismo emocional. La única pega que puede ponérsele al resultado es que la excesiva mesura a la hora de perfilarlos hace que no resulte fácil sentir apego hacia ellos.

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