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Mientras observa a una juez de familia enfrentada a un caso -sobre un joven testigo de Jehová enfermo de cáncer que se niega a recibir una transfusión- cuyos detalles tienen ecos en su propia crisis doméstica, El veredicto (La ley del menor) se muestra tan esforzadamente sobria y correcta y tan convencida de su propia importancia que en ningún momento llega a tener más energía dramática que una conversación sobre anticongelantes. Lo más llamativo es que, al tiempo que abandera grandes ideas sobre el amor y la fidelidad y la espiritualidad y la responsabilidad, incluye una cantidad de escenas ridículas insólita en una película con tantas ínfulas.

'El veredicto (La ley del menor'): ínfulas extraviadas (leer noticia)