Ir a contenido

Nadie debería esperar gran cosa de una película cuyo título remeda un chiste que la saga Austin Powers hizo hace ya 20 años a costa de 'La espía que me amó' (1977). Teniendo eso en cuenta es del todo posible apreciar esta comedia sobre dos amigas inmersas, a su pesar, en una trama de espionaje europeo. La directora Susanna Fogel orquesta algunas secuencias de acción tan absurdamente violentas como inventivas, y las adereza con un ágil sentido del ritmo cómico. A nivel narrativo, eso sí, la película en ningún momento es capaz de aclararnos qué estamos viendo y por qué, y su final solo tendrá sentido para quien no haya prestado atención a cuanto sucedió antes.

'El espía que me plantó': Amable sinsentido (leer noticia)