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A las nueve de una fría mañana en Nueva York, ayer lunes costaba pensar en Harvey Weinstein como el poderoso productor de Hollywood que fue durante décadas. A los 67 años, encorvado sobre un andador, pálido y desmejorado, Weinstein realizaba con dificultades el corto paseo desde un todoterreno hasta el edificio del Tribunal Supremo estatal en el bajo Manhattan donde, en una sala en la planta 15 presidida por el juez James Burke, entre las seis y ocho semanas próximas se celebra el primer juicio penal en su contra por delitos sexuales.

La fiscalía de Los Ángeles imputa a Weinstein en otro caso de abusos sexuales (leer noticia)