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Francia continúa yendo por delante a la hora de llevar a la calle los cambios profundos de las sensibilidades sociales. Probablemente en el futuro se verá la actual protesta de los 'chalecos amarillos' como el inicio de una profunda reestructuración de las democracias occidentales, algo tan trascendente como lo que supuso el paso adelante de la juventud que pedía más libertades individuales y más protagonismo en mayo del 68. Eso no quiere decir -al igual de lo que pasó entonces- que vaya a cristalizar tal como se presenta ahora la protesta desorganizada pero profunda contra el actual estado de cosas. Pero es una semilla. Desde hace dos meses las reivindicaciones movilizan al país con manifestaciones tozudas. No reúnen mucha gente, aún tienen que depurarse de los ramalazos violentos que las acompañan, pero gozan de la complicidad de la mayoría. A los ciudadanos les han dicho tantas veces que ellos son los protagonistas de la democracia que ahora exigen que se traduzca en hechos y que sus representantes les obedezcan a ellos de una vez.

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