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Evelina García se despertó sin saber muy bien si seguía soñando. De la planta baja de su casa subía el agua como lo hace en un barco que se hunde. La riada se llevó por delante su casa, y todas las que estaban al lado del río. Tampoco aguantó el puente. Coches levantados, unos encima de otros, completamente aplastados; carreteras destrozadas como a dentelladas. Más que agua, parece un huracán lo que ha arrasado estos pueblos. Todo es un gran rompecabezas, nada de lo que ha quedado entero está en su sitio. Y los vecinos recogen sus enseres como quien saca la basura. Los equipos de rescate siguen buscando por tierra, mar y aire a las tres personas desaparecidas. A su alrededor, cada rincón, cada objeto habla de una gran ausencia.