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El aeropuerto inutilizado, jóvenes y policía bordeando la tragedia en las calles y Pekín hablando ya de terrorismo. Hong Kong corre hacia el abismo tras las diez semanas más convulsas de su historia y con la sospecha de que lo peor asoma a la vuelta de la esquina. No aflojan los bandos, cada día más enrocados y coleccionando reproches, sin margen para el optimismo y en firme rumbo de colisión.

Las protestas de los activistas obligan a cerrar el aeropuerto de Hong Kong (leer noticia)