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La visita a Barcelona de Pedro Sánchez –relámpago, sin anunciar– fue noticia sobre todo por lo que no sucedió: el presidente del Gobierno en funciones pasó unas horas en la ciudad y no se vio con ningún dirigente político catalán, ni el ‘president’ de la Generalitat, Quim Torra, ni la alcaldesa, Ada Colau, con la que sí conversó unos minutos por teléfono. Sánchez visitó a agentes del orden hospitalizados y vivió de primera mano la tensión que se vive en Catalunya: en el hospital de Sant Pau escuchó cánticos a favor de la libertad de los políticos presos. Se diría que, en pleno ambiente preelectoral y con unas encuestas que coinciden en radiografiar un rearme de la derecha, el objetivo de la visita era visibilizar que Sánchez no considera un interlocutor a Torra. Poco antes de la visita, en una dura carta, Sánchez instaba al ‘president’ a «condenar la violencia de forma rotunda, amparar a las fuerzas de seguridad que la combaten y evitar la discordia civil».

La visita relámpago de Sánchez (leer noticia)