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Una letrina del siglo XIV. En desuso, por supuesto, pero durante tiempo utilizada por los campaneros de la catedral. Luce en la azotea de la seo, adosada a uno de los muros que transcurre paralelo a la calle dels Comtes. Un banco de obra con un agujero en medio. ¿El desagüe? Directo a la vía, que así se hacían las cosas centurias atrás. Los encargados de dar la hora y tocar los actos litúrgicos no tenían tiempo de ir en busca de un sitio más íntimo donde despachar sus necesidades, así que lo suyo era retirarse hasta la susodicha letrina entre repique y repique. Más abajo, en el primer piso, hay otra. Esta era para uso de los nobles, por si algo apretaba durante el servicio religioso, que también podía pasar. Se levanta más recogida, no se ve. Pero la primera sí se advierte a poco que uno esté atento al recorrer la parte más alta de la seo; y casi se puede tocar, si se participa en las visitas vespertinas que la catedral ha inaugurado este verano.

Tocar el cielo de la catedral (leer noticia)