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Raquel regenta hace 15 años el bar La Candela en la plaza de Sant Pere, una zona difícil, que su -única- terraza dulcificaba un poco. Pero ello no evitó la orden del ayuntamiento de cambiar su velador de ubicación -a peor- retirar dos de sus ocho mesas, y eliminar las plantas o elementos que la hacían más cálida. Hasta la multaron por tener una trona infantil que un cliente acababa de utilizar, "sin que nunca hubiera habido una sola queja vecinal". En un entorno laboral que el distrito de Ciutat Vella le ha complicado, esta mujer ha sido esta mañana de miércoles uno de los rostros reales que han presentado la campaña con la que el sector de la restauración quiere llamar la atención de los alcaldables de Barcelona e ilustrar cómo sería esta ciudad sin sus bares, restaurantes y terrazas.

Así sería Barcelona sin bares ni restaurantes ni terrazas (leer noticia)