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Con fama de malhumorado y pendenciero, hombre que no dudaba en llegar a las manos con empleados y competidores de su negocio, el del alquiler de mulas para el transporte, Pere Santmartí era en 1716, dos años después del fin de la guerra de Sucesión, el propietario de una casa ubicada en el corazón de Barcelona, que lindaba con el Rec Comtal, la plaza del Bornet y el Pla d’en Llull. Un emplazamiento estratégico, según los expertos que analizan los restos del Born. Santmartí residía en la vivienda junto con su mujer, Caterina, dos hijos, una criada y un mozo. La había comprado en 1681, por 700 libras catalanas, al botero Pere Joan. En 1716, la casa estaba valorada por el catastro con un alquiler potencial de 15 libras mensuales. Son datos que aparecen en La ciutat del Born, la imponente obra sobre economía y vida cotidiana en Barcelona elaborada por el historiador Albert Garcia Espuche.

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