01 abr 2020

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Sueño que bajo a la calle a tirar la basura y, de hecho, es lo que acabo haciendo. Había restos del rape del otro día y la cosa ya no podía esperar más. Transgredo el aislamiento, sí, pero lo hago con una civilidad extrema. Además, la primera llamada de Salut me dijo "evitar el contacto social". Atravieso el umbral de la puerta, pues, y cojo el ascensor, pero llevo unos guantes de látex y una mascarilla. Dejo la bolsa en el contenedor y aprovecho para dar un paseo, nada, una vuelta discreta para desentumecer las piernas, harto de hacer pasillos arriba y abajo, como en las celdas de las películas de prisiones. Se confirma la percepción que tenía: el mundo han dimitido mientras yo estaba aislado. No tengo contacto social porque no hay nada que contactar. De hecho, es mejor, en estas circunstancias. Si alguien me hubiera visto, tal como ando por la calle, habría podido pensar que el zombi soy yo. No veo a nadie y nadie me ve, y vuelvo a casa.

La inmensidad del pensamiento (leer noticia)