KidicalMass Barcelona

Hasta siete travesías del Eixample, toda la calzada disponible de Aragó entre las calles de Entença y Casanova, ha llegado a ocupar la primera KidicalMass de Barcelona, una jornada reivindicativa de la bicicleta celebrada este fin de semana bajo ese mismo nombre en diversas ciudades del mundo a ambos lados del Atlántico. La demanda es la misma en todas partes. Que las ciudades, y más con las emergencias climáticas y de escasez de combustibles que hay sobre la mesa, sean cada vez más ciclables, pero de una forma segura, para los adultos, por supuesto, pero sobre todo para los niños. Habitualmente el éxito de estas citas se mide en número de participantes, un número que, como se sabe, siempre baila según cuál sea el punto de vista. Hay otras maneras de medir ese éxito. Bastan un par de ecuaciones para echar cuentas. Si un coche (ese absurdo de eficiencia, 1.800 kilos de peso, emisiones contaminantes y ruido que sirve para transportar habitualmente a una única persona) ocupa el espacio de tres ciclistas, esta protesta, traducida a vehículos de motor, hubiera ocupado la distancia que separa Entença de Nàpols, dos tercios de Eixample. Retengan esa imagen para después.