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Hubo un tiempo, y no hace demasiado, en el que buena parte de Barcelona se llevaba las manos a la cabeza cuando un domingo de abril se encontraba una prueba atlética que había obligado a cortar el tráfico en algunas calles. En esos mismos años, en las noticias sobre ciclismo urbano publicadas en este diario, un lector anónimo siempre dejaba el mismo comentario en la versión web del artículo: "¡Bicis al velódromo!". No se le pasaba una. Ambos perfiles ciudadanos han tenido que convivir con el tránsito de la capital catalana hacia una creciente reivindicación a favor del medio ambiente y contra la contaminación y la congestión. Eso, unido a un gobierno que parece comulgar con la causa, da como resultado una hoja de ruta que pasa por ir reproduciendo durante el año (amén de exportar también a otras partes) lo que este domingo ha sucedido en Via Laietana. Ni un coche circulando, miles de personas paseando.

Barcelona ultima una Via Laietana sin coches en festivo (leer noticia)