Los angustiosos graznidos se escuchan desde el exterior de un edificio de la Vila Olímpica, donde una gaviota patiamarilla demasiado joven para emprender el vuelo ha caído en la terraza de una vivienda. Un ejemplar adulto la vigila de cerca, impotente. En la naturaleza quizá hubiera podido sobrevivir, pero aquí no tiene ninguna oportunidad.

El 112 de la fauna urbana (leer noticia)