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Es último viernes de mes, y como siempre, toca coger dos autobuses e ir al Centre Catòlic de Sants a jugar a ping-pong. Hace poco más de medio año que los chicos del centro de día Tres Pins de Barcelona van regularmente a practicar con profesionales. Eso les permite hacer deporte e integrarse en una sociedad que los cataloga como discapacitados mentales, una etiqueta que ellos rebaten: "No somos discapacitados, tenemos capacidades diferentes".

"No somos discapacitados, tenemos capacidades diferentes" (leer noticia)