Ir a contenido

El título no pretende abrir una ídem con la nación ciclista de Barcelona, que no son poca gente. Si se empadronaran todos juntos, serían la cuarta ciudad de Catalunya. No hay un censo oficial, pero monegascos y andorranos suman juntos menos piernas que las de los ciclistas cotidianos de Barcelona: lo de juntar las palabras guerra y bicicleta en un mismo titular está justificado, como se verá después, pero el propósito inicial, todo hay que reconocerlo, es llamar la atención de los más beligerantes miembros de esta nación, que la semana pasada se tomaron a la tremenda un primer balance realizado en este diario sobre el paupérrimo éxito de la campaña municipal destinada a bajar las ruedas de las aceras. Bicis en Barcelona, eterno Verano azul, así se encabezada aquel texto que a más de uno le sentó como un pinchazo lejos de casa. Ha habido reacciones antipáticas por el tono, pero incluso entre estas había argumentos sólidos a tener en cuenta, así que esta es una oportunidad para dar conocer las réplicas, hacer una penitencia y, por último, ofrecer un presente como señal de buena voluntad.

La guerra de la bicicleta en Barcelona (leer noticia)