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Uno de los signos inequívocos que delatan que uno se encuentra en zona de interés o conquista turística son los llamativos escaparates repletos de suvenires, más omnipresentes incluso que los propios viajeros. Se trata de un fenómeno que colateralmente engulle al comercio de proximidad, al monopolizar la oferta de una zona determinada. Por ese motivo, desde el 2008 se puso coto a su apertura, y desde finales del 2018 se endureció el asunto ampliando el radio de prohibición de nuevas licencias y poniendo en el punto de mira las tiendas de otros productos que también despachan recuerdos. Una primera campaña informativa y sancionadora en los barrios más turistificados arroja ahora un 40% de incumplimientos en los 183 establecimientos inicialmente inspeccionados. De momento, 32 ya cuentan con expediente sancionador, que puede acarrear de 500 a 6.000 euros de multa.

Coto a la picaresca en la venta de suvenires en los puntos turísticos de Barcelona (leer noticia)