Alfredo tiene el bajo del pantalón perdido. Rodolfo, su compañero de piso y de vida, serpentea entre sus piernas una y otra vez, en busca de contacto. Pasean por el parque de la Guineueta con andares parejos. Pasan junto a un grupo de personas mayores que intentan seguir una clase de 'tai txi'. Y luego, se cruzan con grupos de adolescentes que usan este pulmón verde como patio en tiempos de pandemia. Alfredo se para, Rodolfo se para. Y viceversa. Es verdad que uno de los dos maneja la correa, pero es para evitar que el veterano cocker spaniel se enfrente a otros perros a los que apenas puede distinguir con los ojos, muy mermados ya, pero sí con el olfato. Lo son todo el uno para el otro. Esta es una historia de amor, pero también nos habla de enfermedad mental, de soledad. O de gente buena que ayuda a los demás.

16 días sin Rodolfo, el mejor amigo del hombre solo (leer noticia)