Consumo saludable
Alerta de la OCU sobre los cafés de supermercado: la mitad no son tan saludables como prometen
Los expertos recomiendan revisar el etiquetado y los ingredientes de estas bebidas antes de comprarlas
Ni libretas ni mochilas: los productos del supermercado que duplican sus ventas con la vuelta al cole

Imagen de una taza de café refrigerado. / Pixabay/WebTechExperts

Desde que fue descubierto, el café se ha convertido no solo en un elemento de conexión social, sino también en un importante pilar económico a nivel mundial. Su popularidad ha impulsado grandes marcas como Lavazza, Illy, Marcilla, Nescafé o Starbucks que, aunque no siempre sean consideradas opciones de alta calidad entre los expertos, han conseguido conquistar a millones de consumidores. Algunas de ellas, además, han llevado su oferta un paso más allá con sus propias versiones de café refrigerado.
El mercado del café listo para tomar (en inglés 'Ready to Drink') se ha convertido en una de las principales vías de innovación y crecimiento para las marcas de café. Así, las cadenas tradicionales y los tostadores han ido trasladando sus productos a los lineales de los supermercados, ahora convertidos en neveras llenas de vasos, latas y botellas de café refrigerado. Sin embargo, que se consuman fríos y tengan una apariencia similar a la de un café preparado al momento no significa que sean una opción saludable.
Exceso de azúcar y aditivos
Un estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) revela que 36 de los 91 cafés refrigerados analizados y disponibles en supermercados suspenden su Escala Saludable, que combina los valores de Nutriscore –el sistema de etiquetado frontal de alimentos envasados que utiliza cinco letras y colores para mostrar de forma rápida su calidad nutricional– con la presencia de aditivos y aromas.
La investigación, realizada por el equipo de profesionales de la salud y la alimentación de la organización en colaboración con otras entidades europeas de consumidores y una red de laboratorios independientes, señala el exceso de azúcar y la presencia de aditivos como los principales problemas detectados. Estas características aparecen en diferentes variedades, desde los Latte hasta algunas opciones descafeinadas, aunque se encuentran en menor medida en los cafés Espresso y en marcas como Kaiku y Nescafé.
Más calorías que una lata de refresco
Según indica la OCU, un vaso de 250 mililitros de café refrigerado (el tamaño estándar de la mayoría de las marcas) contiene de media 19 gramos de azúcar, equivalentes a unas cuatro cucharaditas. En los cafés tipo Capuchino, la cantidad aumenta hasta los 23 gramos por vaso debido, entre otros factores, al azúcar utilizado para compensar el sabor amargo del café y combinarlo con el chocolate en polvo. Por el contrario, las opciones veganas o con proteínas suelen presentar cantidades más bajas.
La cantidad de azúcar provoca que su aporte calórico sea considerable: la media es de 155 kilocalorías por vaso de 250 mililitros, una cantidad incluso superior a la de una lata de refresco de 330 mililitros y que también se aprecia en los cafés aromatizados con vainilla, caramelo o avellana. En cambio, las variedades Espresso, con Proteína y sin lactosa suelen situarse por debajo de las 137 kilocalorías, mientras que las opciones veganas no superan, en general, las 110 kilocalorías.
Consumir de forma ocasional
Otro de los aspectos analizados son los aromas y aditivos, que pueden llegar a contarse en hasta cinco diferentes en un mismo producto. Las diferencias entre marcas y variedades son notables: Nescafé y Kaiku apenas los incorporan en sus cafés refrigerados, mientras que los tipos Espresso rara vez incluyen más de dos. En cambio, las variedades con Proteína y sin lactosa suelen incorporar tres o más.
Ante estos resultados, la OCU recomienda consumir este tipo de bebidas de forma ocasional y prestar especial atención tanto al etiquetado como a los ingredientes antes de comprarlas "con el fin de evitar aquellos que presenten niveles de azúcares por encima de 8 g/100 ml y dos o más aditivos, sobre todo los fosfatos E-339 y E-340 y los edulcorantes E-950 y E-955 ".
Daños cardiovasculares y renales
Según un estudio publicado en la 'National Library of Medicine', el exceso de fosfato de sodio (E-339) y de fosfato de potasio (E-340) puede causar daños cardiovasculares y renales, ya que aportan fósforo inorgánico (un compuesto químico formado por un átomo de fósforo rodeado de cuatro átomos de oxígeno), que el cuerpo absorbe al 100% dado que ya se encuentra en los huesos y los líquidos corporales.
Por otro lado, el consumo de Acesulfamo K (E-950) y Sucralosa (E-955) puede ser contraproducente, ya que el cerebro detecta el sabor dulce y espera calorías que nunca llegan al organismo, alterando los mecanismos del hambre y aumentando el apetito. De hecho, algunos estudios científicos señalan que pueden modificar negativamente la composición de las bacterias intestinales beneficiosas, empeorando la digestión y la respuesta a la glucosa, el azúcar simple que sirve como principal fuente de energía para las células del cuerpo humano.
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