Repostería
Cómo hacer galletas rellenas como las de TikTok con una receta fácil, según la creadora de Tartas Bastante Majas
La creadora de Tartas Bastante Majas publica Cookies sin drama, un recetario que convierte la tendencia de las cookies gruesas y rellenas en una historia de creatividad, comunidad y emprendimiento
La receta de las galletas de una abuela española que ya dan la vuelta al mundo: "Llegamos a hacer 14.000 al día"

Las cookies de Tartas Bastante Majas saltan de las redes al papel con un recetario pensado para perder el miedo al horno. / CEDIDA
Durante años, la galleta fue pequeña, plana y discreta. Pero las redes sociales cambiaron las reglas del juego: ahora se parte con las manos, se abre en cámara lenta, desborda rellenos imposibles y tiene que ser tan apetecible como visual. En ese territorio se ha hecho fuerte Gisela Cruz Prim, creadora de Tartas Bastante Majas (@tartas.bastantemajas), una de las voces más reconocibles de la nueva repostería digital.
Desde su obrador en Sant Adrià de Besòs, en Barcelona, Gisela ha convertido sus cookies gruesas, rellenas y generosas en un fenómeno entre el público joven. Ahora da el salto a las librerías con su publicación en papel 'Cookies sin drama' (Editorial Espasa) donde reúne más de 40 recetas, desde versiones básicas hasta creaciones virales como la Pistacho Dubái crujiente, la Red Velvet rellena, la Lemon pie o la inesperada cookie Carbonara.
Pero el libro no es solo un recetario. Es también la historia de una creadora que nunca imaginó dedicarse a la cocina, que estudió Diseño, trabajó en sectores muy distintos y encontró en la pastelería una forma de reconstruirse, expresarse y levantar un negocio propio.
De experimentar en casa a liderar una comunidad
Gisela no viene de una formación clásica en cocina. Aprendió viendo vídeos, leyendo, probando, fallando y volviendo a empezar. Esa parte, precisamente, es una de las claves de su vínculo con la comunidad. No vende una imagen perfecta, sino un proceso real. "La gente está sedienta de ver algún perfil real en redes", explica. "Se suele mostrar el resultado final, no el camino. Yo enseño lo que hay sin trampa ni cartón: la historia de una chica que simplemente quería hacer su negocio y ha conseguido triunfar".
Esa naturalidad ha sido fundamental para que su audiencia no se quede solo con una receta puntual. En un ecosistema saturado de vídeos de cocina, Gisela cree que la permanencia depende de dos factores: que la receta funcione y que haya conexión emocional. "Cuando hagan la receta y vean que realmente les ha salido bien, se crea confianza. Pero también influye explicar mi vida, enseñar cómo soy, pedir opinión, hacer interactuar a la gente. En redes parece que estamos muy conectados, pero estamos más solos que nunca", sostiene.
La cookie gruesa como fenómeno viral
Cookies sin drama recoge una tendencia internacional nacida en Estados Unidos y amplificada por TikTok e Instagram: cookies altas, rellenas, con interiores cremosos y cortes pensados para provocar deseo inmediato. No son galletas planas. Son piezas estructuradas para mantener altura, no colapsar, conservar un interior tierno y aguantar el relleno tras el horneado.
El libro traduce esa estética viral al lenguaje doméstico. Gisela explica cómo trabajar los huevos en gramos, cómo elegir harinas según el porcentaje de proteína, cómo controlar la temperatura de ingredientes y horno, o por qué congelar la masa puede marcar la diferencia entre una cookie espectacular y una galleta que se desparrama en la bandeja. El tono es cercano, pero la base es técnica. "No es improvisación. Es técnica puesta al servicio del placer", resume la filosofía del libro.
En redes, una receta ya no triunfa solo por estar buena. También necesita generar conversación. Gisela lo sabe bien. "Recetas ricas hay millones ahí fuera. Lo importante ahora es crear conversación y que, a nivel imagen, sea chocante, disruptivo", reconoce.
Entre las elaboraciones del libro hay varias nacidas para cruzar la pantalla. La Pistacho Dubái crujiente conecta con una de las tendencias más virales del momento; la Monstruo azul de las galletas juega con el impacto visual; la Salada de jamón rompe los límites de la repostería dulce; y la Carbonara confirma que, en el universo cookie, la creatividad no tiene demasiadas fronteras.
Aun así, Gisela insiste en que la viralidad por sí sola no sostiene un negocio. "Si un producto es muy viral pero luego decepciona, te destruyen. Te ponen una mala reseña, lo suben a redes y empiezan a decir que no es para tanto. Eso es casi peor que no te conozcan", advierte.
Por eso, cuando diseña una receta, piensa en dos planos: el sabor y la pantalla. "Si dijera que solo pienso en el sabor, mentiría. Hay recetas gancho, que imagino cómo van a funcionar en redes, y otras más gourmet, menos instagrameables, pero más ricas. Hago equilibrio. Si algo solo es atractivo pero no está bueno, no lo saco".
La presión de ser viral cada día
El éxito digital también tiene un coste. Gisela habla con claridad de la exigencia constante de publicar, innovar y mantener la atención. "Como creadora de contenido es bastante quemante. Siempre hay que ser viral, hacer algo distinto, algo que no se ha visto nunca. Y hay que hacerlo rápido, porque hay que publicar cada día".
En ese juego, ha aprendido que el contenido más real suele conectar más que el más elaborado. Los errores, las anécdotas y el detrás de cámaras funcionan porque rompen con la perfección habitual de las redes. "Cuando he intentado hacer contenido más profundo, no siempre ha funcionado. En cambio, el salseo, la anécdota o algo rápido de risa puede tener muchísimas visitas. Me da un poco de pena, pero al final estoy jugando al juego de las redes".
A veces, incluso, la viralidad llega por caminos absurdos. Cuenta que un vídeo de una cookie de croissant funcionó especialmente bien no por la receta, sino porque la audiencia empezó a comentar cómo pronunciaba la palabra. "Ahí ves lo aleatorio que es todo este mundo".
El proyecto de Tartas Bastante Majas no se explica solo por una buena receta ni solo por una comunidad fiel. Para Gisela, ambas cosas tienen que ir juntas. "Si tienes comunidad pero el producto es malísimo, vendes una vez. A la segunda, la gente no vuelve y encima te hace mala publicidad".
Esa exposición también eleva las expectativas. Quien llega a su obrador no se enfrenta a una pastelería anónima, sino a una marca que siente cercana porque ha seguido su historia. "A veces te exigen más que a una pastelería normal. Me han visto mucho por redes, conectan conmigo, y esa presión también cuenta".
El prólogo del libro, firmado por Sergio Bolaños, conocido en redes como @peldanyos, subraya precisamente ese esfuerzo invisible. "Gisela es una referencia perfecta del incansable esfuerzo que hace todo autónomo en este país por sacar su negocio adelante. Nadie le ha regalado nada", escribe.
Un libro para perder el miedo al horno
Organizado en cuatro bloques —Sin dramas, Las gourmet, Más allá de la cookie y Pastelería a mi manera—, el libro va de las recetas más sencillas a elaboraciones más complejas e híbridas, como brookies, cookie pies o focaccias dulces con cookie dough.
El objetivo no es imponer una pastelería de precisión inaccesible, sino demostrar que se puede aprender técnica sin solemnidad. Hay soluciones a errores comunes, consejos prácticos y una idea que atraviesa todo el proyecto: equivocarse también forma parte de cocinar.
Porque detrás de cada cookie hay algo más que mantequilla, harina y relleno. Hay una historia de prueba y error, de comunidad, de exposición pública y de emprendimiento real. Cookies sin drama lleva al papel un fenómeno nacido en la pantalla, pero también confirma algo más: que los sueños, a veces, también se hornean.
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