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María Esther Rubio, casi cuarenta años cultivando la tierra: "Mientras estás con el móvil podrías estar en el huerto, además haces deporte"

La horticultora asturiana defiende el valor del producto de casa y lamenta la falta de relevo generacional en el campo

María Esther Rubio, con sus productos.

María Esther Rubio, con sus productos. / Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Luarca (Valdés)
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María Esther Rubio Menéndez habla deprisa, sonríe mucho y conoce a media clientela por el nombre. Lleva 37 años trabajando la tierra en Barcia, en el concejo de Valdés, y aunque ahora su puesto rebosa tomates, guisantes, berzas, cebollas y verduras de temporada, todavía recuerda perfectamente cómo empezó todo: "Con sota, caballo y rey", dice entre risas.

Entonces apenas tenía unas pocas cosechas y la huerta era solo un entretenimiento. "Empecé como hobby porque me gustaba mucho", recuerda. Nunca imaginó que acabaría convirtiéndose en su modo de vida. Mucho menos llegar a levantar una pequeña empresa familiar basada únicamente en lo que ella misma cultiva.

María Esther Rubio, con sus productos.

María Esther Rubio, con sus productos. / Ana M. Serrano

Durante casi cuatro décadas ha visto cambiar el campo, el clima y también a la gente. Empezó vendiendo en el mercado de Luarca, cuando se instalaba en la avenida del Pilarín y, poco a poco, fue ampliando cultivos y clientela. "Antes se vendía muy bien", destaca. Hoy sigue trabajando sin parar, aunque reconoce que "nada es igual".

El clima, "diferente"

Uno de los cambios más duros ha llegado desde el cielo. María Esther asegura que el tiempo ya no se parece al de antes. Las estaciones parecen "desordenadas" y cada vez resulta más difícil sacar adelante las cosechas al aire libre. Por eso decidió instalar un invernadero. "Con las nieblas y el calor ya no hay manera", explica. El cambio climático, dice, se nota especialmente en productos que antes crecían casi en cualquier terreno.

Aun así, continúa levantándose cada día para trabajar una tierra que conoce de memoria. Y lo hace porque le gusta. Porque disfruta del contacto con la gente, de las conversaciones en el mercado y de ver cómo los clientes vuelven año tras año buscando el sabor de siempre. "Soy muy de hablar", admite. Quizá por eso ha creado una relación tan cercana con quienes compran en su puesto, de Valdés, pero también de otros puntos de Asturias.

Los guisantes, los más buscados

Ahora mismo, con mayo a la puerta, los guisantes son el producto más buscado. "No los hay", resume. Entre el clima "y los pájaros" (dice con una sonrisa), sacar adelante una cosecha resulta cada vez más complicado. Después llega el tomate, uno de esos productos donde, asegura, más se nota la diferencia entre lo cultivado en casa y lo comprado en grandes superficies.

Y ahí es donde se le endurece un poco el gesto. Porque María Esther cree que no se puede comparar el trabajo artesanal del campo con el supermercado. "Nosotros 'somos' a base de horas", explica. Horas que muchas veces no terminan nunca. "No son ocho horas. Puede ser el día entero".

Lo que más le preocupa, sin embargo, no es el cansancio. Es el futuro. Dice que cada vez queda menos gente trabajando la tierra y que los pueblos se vacían poco a poco. Lo nota especialmente cuando llega la temporada de planta. Antes vendía muchísimo; ahora la mayoría de quienes compran son personas mayores. Por eso se alegra especialmente cuando aparece alguien joven delante del puesto. "Siempre digo: qué bien, alguien joven", cuenta. Porque, en el fondo, teme que todo esto desaparezca algún día.

Salud y calidad de vida

A quienes estén pensando en dedicarse al campo les anima a hacerlo. No solo por trabajo, sino también por salud y calidad de vida. Cree que cultivar una huerta ayuda a desconectar, a moverse y a recuperar un ritmo distinto. "Mientras estás con el móvil, podías estar en el huerto, donde, además, haces deporte", dice con naturalidad.

Después de 37 años entre cosechas, mercados y madrugones, María Esther sigue hablando de la tierra con el mismo cariño que cuando empezó. Solo que ahora, detrás de aquel hobby, hay toda una vida sembrada.