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Alimentación saludable

Rodrigo Arteaga, nutricionista: "Comer sardinas es de las mejores cosas que puedes hacer por tu cerebro"

La constancia en la incorporación de hábitos saludables, como comer sardinas o añadir huevos y legumbres a las comidas, es fundamental para cuidar el cerebro a largo plazo, según el doctor Rodrigo Arteaga

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Sardinas en un mercado.

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La conversación sobre salud hace tiempo que ha dejado de centrarse solo en el peso o en la estética. Cada vez tienen más protagonismo los hábitos cotidianos que pueden influir en funciones clave como la memoria, la atención o la agilidad mental, especialmente con el paso de los años.

En este contexto, diversos especialistas insisten en que el cerebro necesita una aportación constante de nutrientes para funcionar bien. No hablan de fórmulas mágicas ni de cambios radicales, sino de rutinas sostenidas que ayuden a preservar el rendimiento cognitivo. Rodrigo Arteaga, una de las voces que ha popularizado este enfoque, lo resume con una idea clara: "Lo que comes cada día importa mucho más de lo que piensas".

Las sardinas ganan protagonismo

Dentro de esta mirada sobre la llamada alimentación cerebral, las sardinas ocupan un lugar destacado. Según defiende Arteaga, "comer sardinas dos o tres veces por semana es de las mejores cosas que puedes hacer por tu cerebro", una afirmación que sitúa este pescado azul como uno de los alimentos más recomendables para reforzar la dieta.

La clave es sobre todo en su contenido en DHA, un tipo de omega-3 imprescindible para el buen funcionamiento de las neuronas. Esta grasa forma parte de las membranas neuronales y ayuda a hacer más rápida y eficaz la comunicación entre células nerviosas, un proceso directamente relacionado con la memoria y el aprendizaje.

Una opción asequible para reforzar la memoria

Aunque a menudo el salmón es el producto que se asocia automáticamente al omega-3, la propuesta pone el foco en una alternativa mucho más económica. Las sardinas, incluso en conserva, aparecen como una opción accesible, práctica y fácil de incorporar al menú semanal sin tener que hacer un gran gasto.

Esta recomendación parte de una idea sencilla: el cerebro es un órgano con una gran demanda energética y nutricional. Cuando esta necesidad no se cubre adecuadamente, pueden aparecer síntomas como la falta de concentración, los olvidos frecuentes o una cierta lentitud mental.

Huevos, legumbres y plátano: otros aliados del rendimiento cognitivo

La apuesta por cuidar el cerebro no se acaba con el pescado azul. Arteaga también destaca otros alimentos habituales que pueden contribuir a mejorar el rendimiento mental. Es el caso del huevo, que aporta colina, un nutriente que el organismo transforma en acetilcolina, un neurotransmisor esencial para la memoria y la atención.

Las legumbres, por su parte, aportan energía de manera progresiva y estable, evitando subidas y bajadas bruscas que pueden acabar afectando la concentración. También el plátano suma beneficios gracias a su contenido en potasio, que favorece la transmisión de los impulsos eléctricos entre neuronas.

Menos ultraprocesados y más antioxidantes

Otro de los puntos centrales de este enfoque es la necesidad de reducir la inflamación crónica, un proceso silencioso que con el tiempo puede perjudicar la función cerebral. Las dietas ricas en azúcares y ultraprocesados contribuyen a este desgaste, mientras que otros ingredientes pueden ayudar a frenarlo.

Entre estos destaca el aceite de oliva virgen extra, reconocido por sus propiedades antioxidantes. También los frutos rojos aparecen como aliados valiosos por su contenido en polifenoles, compuestos que protegen zonas del cerebro vinculadas a la memoria.

Incluso algunos pequeños hábitos pueden tener un papel positivo. El chocolate negro con más de un 75% de cacao, el café o el té verde consumidos con moderación pueden contribuir a mantener la mente activa y favorecer una mejor oxigenación del cerebro.

La clave es la constancia

Lejos de plantear cambios extremos, la idea principal es que la salud cerebral se construye con pequeñas decisiones cotidianas. Incorporar sardinas unas cuantas veces por semana, añadir huevos o legumbres a las comidas y reducir el peso de los ultraprocesados son pasos sencillos que, sostenidos en el tiempo, pueden tener un efecto real.

En definitiva, el cuidado del cerebro no depende tanto de productos caros o modas puntuales como de la regularidad. Tal como defiende Arteaga, "pequeños cambios pueden generar grandes diferencias", y es precisamente aquí donde la alimentación puede convertirse en una aliada clave de la memoria, la concentración y la salud mental.