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Hotel rural japonés

Un trocito de Japón en medio del Solsonès: el hotel que combina las raíces catalanas con la serenidad del país nipón

Japón es un destino cada vez más de moda, por eso el hotel de Puigpinós, en Lladurs, ofrece la experiencia perfecta para aquellos que sueñan con dormir en habitaciones cubiertas de tatami y futón y pasar el día vestidos con yukata.

El hotel japonés de Puigpinós ofrece estancias relajantes únicas en pleno corazón del Solsonès

El hotel japonés de Puigpinós ofrece estancias relajantes únicas en pleno corazón del Solsonès / Xavi Moraleda/Hotel de Puigpinós

Xavi Moraleda

Lladurs
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Ella, de Lladurs (Solsonès). Él, de Japón. Se conocieron en el instituto en Solsona y, fruto de su relación, nació el hotel rural japonés de Puigpinós, un proyecto que fusiona las raíces catalanas de una con las japonesas del otro para crear una propuesta única en el territorio. Esta es la historia de Nuri Jou y de Tessin Sano, los propietarios del hotel que, de puertas afuera, parece una masía rural cualquiera, pero, de puertas adentro, es una auténtica casa del país nipón donde la calma y la serenidad se respiran en cada rincón.

La masía y la finca donde se encuentra, en el término de Lladurs, siempre han pertenecido a la familia Jou. “Años atrás se trabajaban los campos, pero acabaron quedando en desuso”, detalla. Tessin, por otro lado, llegó con la familia a la capital del Solsonès cuando tenía 12 años por la pasión de su padre —que es historiador del arte especializado en el románico— por el Orante de Pedret, la pintura mural que se conserva en el Museo de Solsona. Con el paso de los años tuvieron dos hijos y en 2015 empezaron a pensar en emprender el proyecto del hotel. Aun así, después de tiempo de estudios, reformas y una pandemia de por medio, no abrió hasta abril de 2022.

Con una decoración exquisita y en un emplazamiento privilegiado, rodeado de un extenso paraje natural, el hotel dispone de ocho habitaciones con una capacidad máxima de unas veinte personas. Para que los huéspedes vivan una experiencia plenamente japonesa, algunas disponen de tatami y futón en el suelo, para dormir tal como tradicionalmente se hace en el país nipón, y tan pronto como llegan, se les entrega su yukata —una especie de quimono— y unas sandalias para que se sientan cómodos. En el exterior, además, hay una piscina y una amplia zona de césped donde se pueden hacer todo tipo de actividades.

Más allá de una simple estancia, el hotel ofrece toda una experiencia. Como explica Sano, todos los comidas son de gastronomía tradicional del país asiático y se adaptan a cada estación del año, como tártaro o chawanmushi (una especie de flan salado con verduras y setas); también se organizan talleres de caligrafía japonesa —impartidos por sus padres— y, puntualmente, de cocina —impartidos por el hermano—. Además, hacen sesiones de yoga y masajes.

“Japón está de moda”

Japón es, cada vez más, un destino de moda. “Sea por su gastronomía, por el fenómeno del manga y el anime o por la cultura japonesa en sí misma, es cierto que está muy en auge”, comparte Jou. Y lo dice con propiedad, ya que el matrimonio también dirige una agencia de viajes que organiza estancias en el país. Esto explica el éxito del hotel. “Buena parte de los huéspedes son personas a quienes les atrae todo este mundo y se toman la experiencia como un primer tiento o para rememorar sus vacaciones en Japón, si ya han estado. Incluso, hemos acogido una boda”, añade.

Hotel de Puigpinós

Hotel de Puigpinós / Xavi Moraleda/Hotel de Puigpinós

La serenidad es, sin duda, el estado de ánimo que reina en el espacio. Y no es casualidad. La cultura japonesa se basa en la religión sintoísta, que, como detalla Sano, venera las deidades sobrenaturales de la naturaleza —como las de la montaña, del río o del bosque—. “La serenidad proviene de aquí; es una corriente que aboga mucho por la calma y la reflexión”, valores que impregnan el ambiente.

Antes de ser hotel, la casa fue remodelada de arriba abajo. Y en el proceso, arquitectos catalanes y otros japoneses —aunque establecidos en Barcelona—, colaboraron para conservar los rasgos más característicos de la masía, a la vez que dejaban espacio para incorporar los de una casa tradicional del país asiático. Y el resultado es tan bueno que Nuri y Tessin lo sienten muy suyo: “Nuestros dos hijos son medio japoneses y medio catalanes, igual que el hotel. Por eso lo sentimos como el tercero; como una representación de lo que somos”.

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