Arte
Qué son las reliquias y cuál es su poder
Expertos en historia medieval explican cómo papas, obispos y monasterios competían por acumular reliquias, buscando honores, riqueza y prestigio para sus ciudades y comunidades religiosas

Rosalía llegando al estaurante de Dabiz Muñoz tras su último concierto en Madrid. Una de sus canciones más populares se titula 'Reliquia'. / EUROPA PRESS / Europa Press

Qué son realmente las reliquias, cuándo se convierten en objeto de culto y por qué son algunas de las preguntas a las que responde el libro 'Los poderes inmateriales de los monasterios: reliquias, fragmentos de eternidad', en el que ocho expertos analizan el poder que adquirieron esos restos, en especial en la época medieval.
La obra, publicada por la Fundación Santa María la Real, recopila las investigaciones de ocho expertos coordinados por los catedráticos de la Universidad de Cantabria, Ramón Teja y José Ángel García de Cortázar.
Según ha adelantado la Fundación Santa María la Real este martes, la obra ayuda a entender, por ejemplo, que el culto a las reliquias fue un fenómeno relativamente tardío en el cristianismo y no exento de polémica.
De hecho, como explica Ramón Teja, hubo quien lo consideró más cercano a la superstición que a la religiosidad cristiana y fueron autores como San Agustín, San Ambrosio o San Jerónimo quienes lograron imponerlo con sus discursos, que calaron tanto en clérigos como en laicos, doctos e ignorantes, élites y pueblo llano.
Aún así, las reliquias no alcanzaron su verdadero apogeo hasta la Edad Media, en tiempos del románico, entre los siglos XI y XII.
"Papas, obispos y monasterios rivalizaron por acumular reliquias para asegurar honores, riqueza y prestigio a sus respectivas ciudades y monasterios", apunta Teja.
Qué son las reliquias
El profesor José Luis Senra Gabriel y Galán explica que las reliquias son "desde los restos orgánicos de los personajes virtuosos hasta los objetos a ellos asociados".
El investigador Josemi Lorenzo Arribas se ha ocupado de clasificar dichos restos, atendiendo a su función, cronología y naturaleza, precisando además, que la veneración de estos "restos o despojos", viene dada porque se les atribuía un carácter mágico o, mejor dicho, "para obrar milagros".
Instrumentos de poder
El poder de atracción de las reliquias llegó a ser tal, que, como señala Ángeles García de la Borbolla, pronto los monasterios fueron conscientes de la "capacidad de estos valiosos tesoros espirituales para reavivar el prestigio de una comunidad, de un santuario o de una diócesis".
Al fin y al cabo, eran un buen modo de garantizar una devoción estable y con ella, "la afluencia de fieles peregrinos", que constituían una necesaria vía de ingresos.
Quizá, por ello, fueron más que frecuentes, como comenta Marta Poza Yagüe en su artículo, los traslados, desplazamientos y desmembramientos de cuerpos santos, "movidos por distintos intereses y con diversos resultados".
Tampoco faltaron, como señala Francisco Javier Pérez Rodríguez, los "robos, ventas y falsificaciones", como el pertrechado a principios del siglo XII por don Diego Gelmírez, quien se llevó a Santiago de Compostela desde Braga los cuerpos de hasta cuatro santos (Fructuoso, Susana, Silvestre y Cucufate), para que acompañasen en su destino a los del apóstol Santiago el Mayor.
Reyes y nobles también se sirvieron de las reliquias para afianzar su poder, explica el profesor Carlos de Ayala Martínez, y las usaron como iconos de identidad, como garantes de victoria o prendas de paz.
Olor de santidad
Por otra parte, José Alberto Morais analiza en su investigación la relevancia que adquirieron los relicarios en las que solían guardarse.
"Un hueso, un diente, un cabello, una mandíbula, cualquier resto de los personajes santos, sin el aderezo de los relicarios, se tornaba y corría el riesgo de verse como un elemento inerte, impersonal, falto de sacralidad y, además, horrendo por su descomposición y corruptibilidad", apunta.
Por ello, se custodiaban en arquetas o cofres realizados con materiales como oro o plata, adornados con incrustaciones de piedras preciosas o marfil, que hoy en día y entonces, constituían verdaderos tesoros.
Además, en muchos casos, dichos relicarios se perfumaban con exquisitas fragancias y de ahí, la conocida frase de "en olor de santidad", que perdura hasta nuestros días, aunque, a menudo, como las propias reliquias, desvirtuada por el desconocimiento, el interés o el paso del tiempo.
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