Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Salud mental

Nazareth Castellanos, neurocientífica, sobre los efectos del estrés y la ansiedad: "Al cerebro le cuesta volver a tomar aire"

La investigación liderada por Castellanos ha identificado un momento de retención natural que ocurre tras expulsar el aire y sus implicaciones

La neurocientífica Nazareth Castellanos detalla qué pasa cuando vemos películas: “Nuestro cerebro desconecta para sentir lo que viven los personajes”

Consecuencias del estrés y la ansiedad

Consecuencias del estrés y la ansiedad / FREEPIK

El Periódico

El Periódico

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

La reconocida neurocientífica Nazareth Castellanos ha participado recientemente en 'Saber vivir', la sección diaria de RTVE dedicada a la salud, el bienestar y la alimentación, para arrojar luz sobre un hallazgo que cambia nuestra comprensión de la fisiología básica.

En este espacio, la experta desvela cómo el acto de respirar esconde una "tercera fase" casi invisible, pero determinante para nuestra salud mental. El artículo explora cómo este descubrimiento científico permite utilizar nuestro propio ritmo respiratorio como un termómetro preciso para medir el impacto real del estrés y la ansiedad en nuestro sistema nervioso.

Descubrimiento de la "tercera fase" respiratoria

Más allá de la inhalación y la exhalación, la investigación liderada por Castellanos ha identificado un componente esencial en el ciclo pulmonar: la apnea postexhalación. Se trata de un momento de retención natural que ocurre tras expulsar el aire, un instante en el que, de forma espontánea, "ni tomo aire ni lo expulso".

Según explica la experta, esta fase es fundamental porque no es un proceso meramente mecánico, sino que está estrechamente ligado a nuestra actividad cerebral más profunda.

Conexión entre el cerebro emocional y la apnea

La duración de esta pausa natural no es aleatoria. Castellanos señala que esta tercera fase "depende de las estructuras cerebrales que están más involucradas en la emoción", poniendo como ejemplo principal la ansiedad. Cuando estas áreas del cerebro presentan una activación excesiva debido al estrés, el ritmo se altera drásticamente. En esos estados, la apnea se prolonga de forma involuntaria: "yo tomo aire, lo exhalo y me quedo ahí", describe la neurocientífica, añadiendo que, en esos momentos de tensión, "literalmente al cerebro le cuesta volver a tomar aire".

La respiración, un detector biológico de ansiedad

Este hallazgo ofrece una herramienta práctica para el autoconocimiento y la gestión emocional. Al observar conscientemente nuestra respiración, podemos detectar si esa fase de retención se está extendiendo más de lo normal. Si la pausa tras exhalar es demasiado larga, es una señal inequívoca de que "el cuerpo está generando más ansiedad", permitiéndonos identificar estados de estrés incluso antes de que seamos plenamente conscientes de ellos a nivel mental.