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Un hogar inusual

Una familia construye un iglú en su jardín tras una nevada: así maravillaron a todo el barrio

Las obras del refugio duraron un día entero

Vivir con más de un metro de nieve en el pueblo más alto de Catalunya: la rutina extrema de sus dos únicos vecinos

Imagen de un iglú en la estación de Andorra de Granvalira

Imagen de un iglú en la estación de Andorra de Granvalira / JOAN CORTADELLAS

Goundo Sakho

Goundo Sakho

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Es muy común que el frío y las nevadas dejen imágenes de niños lanzándose bolas de nieve, construyendo muñecos de nieve y hasta tumbados en el suelo haciendo ángeles de nieve. Lo que nadie espera ver son niños construyendo un iglú en el jardín delantero de su casa.

Pero eso es lo que ha pasado recientemente, cuando una familia de Snonsbeck (Alemania) decidió construir su propio iglú, al darse cuenta de la gran cantidad de nieve que había llegado frente a su vivienda.

El proceso de construcción

La familia Van Mierlo, formada por Matthias (de seis años), Frederick (de cuatro) y sus padres Stefanie y Florian, quiso mostrar su creatividad y dejó maravillados a los transeúntes que pasaban por delante de su puerta. No obstante, como contó Tina Strack, amiga de la familia, al diario 'Rheinische Post', el proceso no fue tan fácil: "Construir el iglú les llevó un día entero, menos la hora de comer".

Al ver la emoción de los pequeños cuando cayeron los primeros copos, la familia no pudo evitar ponerse manos a la obra: usaron una caja para comprimir los bloques de nieve y los apilaron como ladrillos, uno encima del otro, hasta crear un refugio semiesférico. Los pequeños Matthias y Frederick obviamente contaron con la ayuda de sus padres.

Un verdadero hogar

Una vez terminado, llegó el momento de decorarlo: pusieron un muñeco de nieve y ramas de abeto justo en la entrada del iglú. También colocaron banderas y luces de colores en el techo.

Sin embargo, no se conformaron con eso: amueblaron el interior de la casa con diversos objetos, como un trineo que usaron como banco, una mesa, velas e, incluso, algunos cuadros.

Strack, maestra de infantil en una escuela de la ciudad, afirmó que a su hijo Lennard también le hubiera encantado construir su propio iglú, pues el resultado fue hermoso.

Y es que los Van Mierlo consiguieron crear un hogar cálido y acogedor, dejando un paisaje muy bello en la calle Langebend de Snosbeck.

Las casas del Ártico

El origen de los iglús se remonta a los pueblos inuit y esquimales del Ártico central de Canadá y Groenlandia. El iglú, que significa 'casa' en inuit, se desarrolló como una solución a la escasez de madera y piedra que había en el entorno polar. Se cree que la cultura paleoesquimal Dorset fue pionera en su uso, aunque el término fue documentado por primera vez en inglés alrededor del 1856.

Entonces, existían los iglús pequeños, refugios temporales para cazadores; los medianos, viviendas familiares semipermanentes; y los grandes, que se usaban como estructuras comunitarias para reuniones. La nieve compactada actuaba como aislante térmico, permitiendo que su interior fuera más cálido gracias a la temperatura corporal de sus residentes y las lámparas de aceite que se usaban para iluminar las estancias.

Una práctica poco común

Los iglús tradicionales no son comunes en España, ya que su construcción depende de las temperaturas árticas. Se suele usar este término para referirse a los contenedores de reciclaje para envases de vidrio, porque su forma redondeada recuerda a la de un iglú.

No obstante, en algunos lugares destacados, como el Valle de Tena (Huesca), la Sierra de Guadarrama (Navacerrada) y los Pirineos catalanes se construyen iglús como actividad de aventura, turística y educativa. La zona de alta montaña en invierno es perfecta para aprender la técnica inuit.