Ca la Pilar, el restaurante que era de paso y ahora se visita a propósito
El establecimiento de Pere Sala y Vanessa Aliagas en Pont Major (Girona) destaca por la brasa con carbón de encina y una cocina sencilla, ofreciendo carnes, pescado salvaje y guisos tradicionales sin salsas ni “filigranas”

Pere Sala, propietario y jefe de sala de Ca la Pilar. / MARC MARTÍ
Lejos de los espacios recurrentes y turísticos de Girona, frente a la carretera que antiguamente llevaba a la costa, en Pont Major, Pere Sala y Vanessa Aliagas regentan el restaurante Ca la Pilar. Está ubicado en un lugar de paso de entrada y salida de la ciudad que, “si no nos conoces, no se te ocurriría parar”, dice el propietario y jefe de sala. “Generalmente, quien viene a nuestro restaurante es porque alguien lo ha traído o se lo ha recomendado”. No obstante, Ca la Pilar es un restaurante emblemático de la ciudad que arrastra más de 70 años de historia.

El exterior del restaurante Ca la Pilar, en Pont Major, Girona. / MARC MARTÍ
Los actuales gerentes son la tercera generación del negocio. En los años 50, los abuelos de Pere Sala, Ramon y Pilar (de ahí el nombre del local) abrieron lo que en ese momento era un hostal-tienda. Daban servicio de cocina y también vendían víveres. Los transeúntes paraban “incluso con carreta” para comer algo y retomar el camino hacia la costa, dirección a Palamós. La segunda generación, con Pere y Maria Àngels al cargo, se adaptó a las nuevas técnicas de cocina y de servicio y amplió el espacio con más comedores. Pere Sala recuerda que en la época de sus padres se trabajaba mucho y sin horarios. Delante del restaurante abrió la discoteca Piccadilly, y cuando la gente salía del local iba al restaurante, “a veces a las doce y cuarto de la madrugada, y aún estaban abiertos”.
Los padres de Pere Sala servían comidas típicas de la cocina catalana, con una oferta importante de brasa, con entrecots, butifarras, parrilladas de carne, etc. Con el tiempo, se fueron modernizando poco a poco. El actual gerente lleva 32 años trabajando allí (empezó a los 18 años en la cocina) y Vanessa Aliagas lleva 23 años en cocina desde que empezó con Maria Àngels y tras una buena temporada. Ya con Pere y Vanessa al frente, siguieron adaptándose a los tiempos, a los clientes y a las demandas, aportando un punto creativo y actual a los platos más típicos de la casa. Eso les llevó a especializarse en su plato estrella: el chuletón de un kilo a la brasa.

Pere Sala, propietario y jefe de sala de Ca la Pilar. / MARC MARTÍ
El chuletón de un kilo
Ca la Pilar fue el primer restaurante de Girona “en trabajar bien el chuletón” hace 25 años, detalla el propietario. La carne, de una calidad superior, se importa de Dinamarca o Irlanda: “Vigilamos mucho su origen”, apuntan. Especializados en brasa, sirven diferentes tipos de chuletones cocinados con carbón de encina: desde frisona, vacas viejas o animales más jóvenes. También brilla en la carta el pescado salvaje a la brasa y los guisos tradicionales, y destacan el morro y oreja de cerdo con garbanzos, la tripa de bacalao con alcachofa y guisante y el conejo a la cazuela. Aun así, Pere Sala lamenta que los guisos “se van perdiendo poco a poco y la gente no los pide tanto”.

El chuletón de Ca la Pilar, el plato más icónico / Ca La Pilar
Con todo, lo que marca la diferencia, destaca la jefa de cocina, es un “buen producto”: “Lo tratamos lo mejor posible; tanto si es del mar, como carnes o verduras”. “No es una cocina de filigranas”, añade Pere Sala: “Un trozo de carne o pescado a la brasa, un poco de sal y un poco de aceite, y se acabó. Sin salsas, que no estoy en contra, pero es nuestro estilo y no queremos salir de ahí”. De postre, despliegan la carta de pasteles de creación propia y subrayan el tiramisú y el Sacher. La tarta de queso y el chucho no se quedan atrás. Así, con la pastelería, quieren transportarse al pasado y “recordar las delicias de la abuela Pilar”.
Mientras los propietarios no consideran haber dado un “gran salto” en la cocina con el paso de las generaciones, explican que los clientes sí lo perciben así: “Nosotros giramos en el mismo eje, nunca hemos querido hacer un cambio”. “Hemos querido mantener siempre la esencia”. Y es que esa esencia sigue estando entre las mismas paredes, pero la cocina se ha adaptado a los nuevos tiempos. El estilo y el diseño del restaurante también se ha modernizado, ya que antes era “mucho más rústico”. Pere Sala recuerda que, cuando era pequeño, tenían unos manteles de cuadros rojos y blancos. Ahora son blancos, con una apariencia muy pulcra.

Uno de los comedores del restaurante Ca la Pilar / MARC MARTÍ
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