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Negocios

Moisés, propietario de una churrería: "No es una inversión muy alta y la rentabilidad es bastante rápida”

El joven calcula que en un año se debería haber recuperado la inversión inicial que conlleva montar este negocio

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CHOCOLATE CON CHURROS.

CHOCOLATE CON CHURROS. / Bcn

Cristina Sebastián

Barcelona
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Las churrerías son uno de los negocios más típicos en España, donde, especialmente durante los meses de invierno, se forman largas colas para comprar los tradicionales churros con chocolate.

Estos locales normalmente pertenecen a familias que, durante varias generaciones, han ido heredando el negocio y manteniendo viva la tradición familiar. ‘Churros Peñacorada’ es uno de ellos; abrió hace más de 40 años en Granollers (Valles Oriental, Barcelona) y, actualmente, continúa funcionando bajo las órdenes de Moisés, el nieto de los primeros propietarios.

El catalán ha participado en un vídeo de Eric Ponce, joven emprendedor que entrevista a propietarios de diferentes negocios antes de montar el suyo propio.

Negocio familiar que va más allá del benficio

El joven cuenta que sus abuelos abrieron la churrería en 1981 y, años más tarde, su madre decidió ampliar el negocio abriendo un segundo establecimiento

Con el paso de los años han ido creciendo y actualmente cuentan con un total de nueve churrerías: “La mayoría son ‘food-trucks’, pero también tenemos camiones con los que vamos a eventos y un obrador”, cuenta Moisés.

El churrero no recomienda invertir en este sector, ya que "la churrería es algo que debes sentir, una tradición que tiene que ir arraigada dentro de ti". De hecho, cree que la clave del negocio de los churros está en la tradición familiar del negocio y el sentimiento nostálgico que tienen los dueños.

La importancia de un obrador

Una de las claves del éxito del negocio de Moisés es su obrador central donde elaboran algunos de los productos que, posteriormente, venden en las diferentes churrerías. “Nuestros churros son artesanales y hechos al momento en cada churrería, pero otros productos sí que los hacemos en el obrador”, comenta.

Inversión inicial

"Un ‘food-truck’ de segunda mano, que mida entre tres y siete metros, puede costar entre 12.000 y 15.000 euros", confiesa el joven hablando de la inversión inicial. Además, calcula que con los gastos de remodelación y de equipar la camioneta con todo el material necesario para trabajar, la inversión inicial sube hasta los 30.000 euros.

"No es una inversión muy alta, con un poco de esfuerzo tienes un buen negocio y, además, la rentabilidad es bastante rápida". Moisés calcula que es posible recuperar la inversión inicial en menos de un año, aunque reconoce que en su caso es una tarea sencilla, ya que tienen una larga historia en Granollers.

Facturación y rentabilidad

La facturación de cada una de sus churrerías depende de varios factores como la localización o los horarios de apertura, pero el joven estima que “la media anualmente se puede situar entre los 40.000 y los 60.000 euros por churrería”.

Añade que mensualmente paga 400 euros por la licencia municipal de ocupación de la vía pública, y comenta que puede permitirse pagar a sus empleados un sueldo por encima del salario mínimo.

En cuanto a la rentabilidad, confiesa que el churro es un producto rentable: "Me cuesta hacerlo dos céntimos y lo puedes vender entre 28 y 30 céntimos más o menos tal y como está ahora el mercado". 

Contratar personal

Encontrar empleados dispuestos a trabajar en una churrería es una tarea complicada, ya que, tal y como explica el dueño de esta cadena de churrerías, conlleva grandes madrugones para empezar la jornada laboral a las seis de la mañana y tener que trabajar en la calle pasando frío en los meses de invierno. “Puedo enseñar a hacer churros a cualquier persona, así que a la hora de contratar en lo que me fijo es en que sea una buena persona con buenos valores”, concluye Moisés.