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Salud

Aurelio Rojas, cardiólogo, aclara qué personas pueden tomar aspirina (y cuáles no): "Solo en casos muy seleccionados"

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Una aspirina

Una aspirina / MARTIN GERTEN

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Durante años, la aspirina ha sido una prescripción muy extendida en las consultas de los cardiólogos. Una aspirina al día era lo habitual para los pacientes que han tenido problemas en las arterias del corazón. Esto se debe a que este medicamento es un antiagregante plaquetario que evita que las plaquetas formen coágulos, lo que reduce el riesgo de que se obstruya una arteria coronaria y se produzca un infarto. Sin embargo, estudios recientes demuestran que no es del todo eficaz para todo el mundo.

"Un infarto se produce cuando una placa de grasa dentro de las arterias de tu corazón se inflama, se rompe y la sangre forma un coágulo dentro, obstruyéndola y bloqueando el flujo de sangre a tu corazón", expone el cardiólogo Aurelio Rojas. "¿Y por qué algo tan simple como la aspirina puede salvarte la vida? Porque la aspirina no quita el colesterol ni las placas, pero hace algo clave, evita que las plaquetas se activen y se peguen entre sí. Es un antiagregante plaquetario que inhibe de forma irreversible una enzima llamada COX-1 y así reduce la formación de coágulos que provocan infartos".

Qué personas deben tomarlo

Pese a esto, no es recomendable para todas las personas ingerir una aspirina al día. Eso sí, "hay dos grandes grupos de personas en los que sí está indicada", solo en casos muy seleccionados. "En primer lugar, las personas que ya han tenido un infarto o angina de pecho. Estas personas tienen un riesgo altísimo de tener otro", expone Rojas.

"En segundo lugar, las personas sin infarto pero con riesgo muy alto de tenerlo. ¿Quiénes son? Los diabéticos de larga evolución, las personas con insuficiencia renal, que sus riñones no funcionan bien y que además tienen otros factores de riesgo como hipertensión, obesidad o triglicéridos altos", añade el doctor. Para estas personas, la aspirina puede reducir de forma clara el riesgo de nuevos eventos cardiovasculares.

Por contra, "no se recomienda de forma rutinaria en personas sin enfermedad cardiovascular previa" ni aquellos que no entran dentro de los factores de riesgo mencionados previamente. "El beneficio es pequeño y el riesgo de sangrado puede superar la ventaja", advierte Rojas, ya que los efectos antiagregantes de las plaquetas pueden producir hemorragias ya que si las plaquetas no se agregan no se forman trombos que taponen las arterias o las venas en caso de hemorragia.