Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Crianza

Carlos González, experto en crianza: "Querer que un niño nos haga caso a la primera es como querer que aprenda a multiplicar el primer día"

Carlos González, pediatra: “Nuestra responsabilidad como padres es decirle a nuestros hijos qué cosas pueden hacer y qué cosas no”

Carlos González, pediatra: "Muchas veces cuando tu hijo llora no quiere juguetes ni dulces, pide tu presencia y cariño"

El pediatra Carlos González.

El pediatra Carlos González. / ROSANA VIDAL

Cloe Bellido

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Educar a un hijo es una tarea exigente que, eso sí, resulta muy gratificante cuando se van viviendo sus progresos. Pretender que esos progresos se den a la primera es un enfoque erróneo, pues ello requiere paciencia, constancia y acompañamiento diario.

Así lo defiende el pediatra Carlos González, que invita a repensar las expectativas que los adultos depositan en sus hijos y a mirar la educación no como una lucha de voluntades, sino como un proceso largo y humano.

Paciencia

"A ver, ¿cuántos años estuviste para aprender a multiplicar?", introduce González. "Pretender decirle a un niño que se lave las manos, que recoja los juguetes o que se lave los dientes y que a partir de ahí lo va a hacer es tan ridículo como enseñarles un día a los niños a multiplicar y pensar que ya saben multiplicar", expone.

El pediatra defiende que "no puedes pretender que por habérselo dicho una vez o cuatro o cinco ya a partir de ahí lo va a hacer toda la vida".

La atención, fundamental

La mejor manera para que un hijo aprenda a hacer lo que debe, defiende González, lo fundamental es atenderle y estar por él. "La autoridad de los padres no consiste en 'le dije lo que tiene que hacer y ya lo hará'. Apaga la tele y estate con tu hijo. Tendrás que repetirle miles de veces lo que tiene que hacer. Y a veces lo hará y a veces no".

En otras ocasiones, el pediatra ha hablado sobre cómo los niños recurren a malos comportamientos en busca de esa atención que a veces sienten que no tienen. "Si un niño, portándose bien, no consigue ninguna atención pero cuando pisa charcos, cuando salta en los sofás, cuando rompe cosas, consigue que sus padres dejen lo que están haciendo y le miren y le hablen, será capaz de portarse mal para conseguir eso. Porque para él es lo más importante del mundo. Mis padres me miran, mis padres me hablan, mis padres dejan lo que están haciendo para ocuparse de mí".

"Por lo tanto, si quieres que tu hijo no se vea obligado a hacer estas cosas extraordinarias, tienes que tener especial cuidado de hacerle caso antes", concluye Carlos González.