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Plata

Enrique Valentí, platero: “Una sopera de plata puedes venderla por 5.000 euros, la gente piensa que no vale nada”

El propietario de El Rey de la Plata admite que cada vez más personas buscan refugiar su dinero en este metal, que alcanza niveles históricos

Enrique Valentí, propietario de El Rey de la Plata, posa para este diario.

Enrique Valentí, propietario de El Rey de la Plata, posa para este diario. / C.M.

César Mateu

Palma
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Los productos olvidados cada vez cobran mayor protagonismo. En una época de abundancia no tenían tanto valor, pero cuando escasea o hay una fiebre por él, su precio aumenta. Algo parecido pasa con la plata, que está marcando subidas históricas. “Hoy una sopera que pesa unos dos o tres kilos puede valer 5.000 euros. Es histórico. Y la gente se piensa que no vale nada. Cuando les compramos se van sorprendidos”, apunta Enrique Valentí, propietario de El Rey de la Plata, y uno de los expertos del sector en Mallorca.

La plata siempre estará a la estela del oro. Ha subido más porcentualmente, pero está muy lejos de su valor. Una onza troy de oro cuesta unos 3.690 euros, mientras que una de plata vale unos 62 euros. Aunque también se puede ganar mucho dinero: “La plata es el metal olvidado y lo que la gente no sabe es que con la plata te puedes llevar la misma cantidad de dinero que con el oro. La única diferencia es que con menos cantidad de oro tienes más dinero y con plata necesitas tener más volumen. ¿Cuánta gente tiene una cubertería en su casa y no la vende y vale a lo mejor 5 o 6 mil euros? Se creen que traen una cadena de oro y vale más. No. La plata vale dinero, pero está olvidada”, asegura.

“Ahora no se lleva tanto, pero hace 40 años no podías ir a una boda sin darles a los novios una cubertería o un trofeo, había una tradición. Era un símbolo de riqueza y de detalle con la gente”, reconoce.

Valentí, que también se dedica al oro, a las joyas antiguas y a los relojes de primeras marcas, también aprecia el aumento de personas que adquieren estos materiales como valor refugio. “Hay gente que quiere aprovechar la venta porque el precio está alto y lo han tenido guardado 40 años y otros, en cambio, quieren comprar porque piensan que seguirá subiendo y quieren invertir en metal. Son unos ascensores mecánicos. Unos bajan y otros suben. El que ha sabido guardar y el que ahora quiere guardar”, subraya.

La subida de los precios y el encarecimiento del coste de la vida lleva a muchas personas a vender sus productos. “Veo a muchos padres y madres vendiendo sus cosas para ayudar a sus hijos porque no pueden conseguir una vivienda o para ayudarlos en la reforma de una casa y todo esto lo crea el mundo. Es una rueda. El mundo va mal, la gente vende, nosotros nos beneficiamos porque es nuestro trabajo y a las buenas y a las malas estamos”, cierra.

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